domingo, diciembre 19, 2010

El restorán

Cuando yo era niño se decía así: Restorán. A lo fino y elegante, muy francés. Lo he recuperado por la tilde, por joder a la Academia. A este paso, entre unos y otros, me van a decir hasta como tengo que cogérmela pa mear.

Uno tiene su experiencia de hospitales. Pasé varias Navidades, dos de ellas seguidas,cenando en Nochebuena en una de sus habitaciones. Allí conocí gente guapa. Los domingos, después de misa, iban a tomar el aperitivo y a comer a la cafetería, revestida de azulejos blancos, con olor a yodo y eso, y con algún cliente físicamente paupérrimo. "Es que es barato", contestaban cuando les preguntabas con sutileza.

Pues viene a resultar que me han regalado una guía de comederos zaragozanos. Y hete aquí que en ella aparece uno que no lo mejora ser vivo alguno. El Complejo Funerario. ¡Toda una experiencia!. Majo, eso si; un detalle las plantas. Y el ciprés que puede verse por la ventana. Siento tanta curiosidad que voy a ir a cenar... No me negarán que de noche, es lo propio del lugar.

miércoles, noviembre 24, 2010

El monago

Mi colegio era un lugar curioso. Jesuitas. Los parvulitos estaban a cargo de un hermano que llegó al colegio, entonces hospital de sangre, más muerto que vivo y como buen requeté prometió a la Virgen y a todo el santoral que si salía vivo se metía cura. ¡Qué ........; me curé!. Y aquí estoy, decía el buen hombre, pequeñico, calvo, coloradote y con los andares propios de un labrador. Repartía pan con las manos a la mínima y con un tino magistral. Guardo de él un recuerdo excelente.

El colegio formaba parte de la provincia vasconavarra. Decían las malas lenguas que la Compañía destinaba allí a lo mejor y más granado de sus miembros. O sea, a los zumbaos. Posiblemente eso explica la presencia del ínclito Arzallus, de quien se conserva como oro en paño una foto que se le sacó en la Quinta Julieta montado sobre un burro, con boina y sotana.

Pero a lo que iba. Por las mañanas asistíamos a misa como monaguillos para aprender como se hacía eso. Como los padres tenían que oficiar tres misas diarias, lo hacían en todas las capillas laterales de la iglesia desde el punto de la mañana, de manera que allí no estábamos más que los curas y los monagos.

Como siempre he procurado bandearme, logré asistir a un padre encantador, que había sido capitán de Artillería antes de ingresar en la Compañía. Todo un personaje. Se ventilaba el asunto en diez minutos, lo que era de agradecer, pues los críos nos aburríamos sobremanera. Así que para distraernos en aquella iglesia solitaria nos dedicábamos a competir con la campanilla...

Ya saben. En ciertos momentos, en especial a la hora de la consagración, se tocaban unas campanillas. Pero nosotros no; repiqueteábamos con furia dando todo un concierto. El brazo se alzaba vertical agitando las campanillas como si tuviésemos el baile de San Vito, para descender en arabescos procurando hacer el mayor ruido posible. Y yo era grande y fuerte, así que lograba efectos espectaculares. En estas estaba, cuando el cura se para un instante, se gira hacia mí y haciendo un gesto con la cabeza exclama:

¡Niño; no jodas!

martes, noviembre 09, 2010

El amigo del pueblo

Algo que ha contado Silvia ha hecho que me acuerde de una anécdota del despacho, que aunque sucedió hace años y quizá haya contado antes, merece la pena recordar de nuevo. El caso es que una de las secretarias avisó de que había una visita que quería ser recibida lo antes posible y que para reforzar su petición aducía que era amigo de la niñez del "gran jefe", del pueblo donde nació.

Cuando se le dijo a este el nombre del visitante, comentó que no sabía quien era y que no había oído nunca hablar de tal persona. Salió la secre a informar a la visita de que no podía ser recibido, "lamentándolo mucho y bla, bla, bla..", a lo que le respondieron que tenía que haber algún error, que su amigo de la infancia nunca le dejaría en la estacada y eso, y lo demás ... Retornó la amable ayudante a presentar la petición y la sorpresa de quien no era reconocido... Y una vez más, al trasladar a este la negativa y el desconocimiento de la presunta amistad, el del pueblo, desesperado, suplicó:

Dígale que soy el hijo'lBaboso...

Fue recibido de inmediato

sábado, octubre 30, 2010

Exacta explicación

Cada día aprendo algo sobre las mujeres. Poco y nunca lo suficiente, pero algo. Así que les contaré.. Viene a resultar que vinieron de visita una mamá y su hija. Esta mostraba esa belleza esplendorosa de la mujer preñada, por lo que mi suegra, que nada sabía de tan feliz suceso, le preguntó: ¿Y cómo ha sido eso?. A lo que la futura madre respondió sincera:

Pues eso ha sido ni visto ni escuchao

viernes, octubre 01, 2010

lunes, mayo 17, 2010

¿Imposible?; no, real

Parece imposible, pero no lo es. Koukichi Sugihara, investigador del Instituto Avanzado de Matemáticas Meiji ha creado este curioso artilugio que desafía nuestro sentido común. Confío en que Kalia o Una Maruja en Internet me lo expliquen....
Fuente: Kirai

domingo, mayo 16, 2010

Récord

Un amigo mío mantiene que hay que celebrar todos los récords, sean de lo que sean, que batir uno tiene mucho mérito. Explicaba que comenzó a hacerlo a raíz de un boletín de notas escolar de su hijo; me contaba que, por suspender, había suspendido hasta el recreo. Y, clamaba, ¡eso es un récord difícil de superar!.

Pues bien. Creo que lo he conseguido. Lo he superado. Amorrarme al pilón, o sea ponerme a comer algo, y mancharme, es todo uno; tardaré más o menos, pero lo logro. Especialmente, la corbata.

A lo que iba. Me he pringao de chocolate la camisa. El récord se origina en que durante toda la cena no he probado ni me han servido plato o bebida que tenga algo de chocolate. La NASA está en ello, investigando....

Encanto

Mi tía se había convertido en una viejecita pequeña y frágil. Tenía entonces noventa y dos años. Seguía soltera, con todo lo que implicaba eso en el comportamiento de una señorita de su generación.

En pleno verano, tras pasear y de vuelta de la iglesia, te decía en un susurro: Me ha mirado un chico. Solía contestarle siempre que ya me indicaría quien era, por comprobar si llevaba buena intención... Y cualquier tarde, volvía a susurrar: ¡Ese, ese de la gabardina!.

Contemplabas con admiración al chico.. Con su cachava, de unos 80 años... Encantador.

Cuando le presentamos a mi nuera, esta la trató de usted, con respeto, pero mía tía le contestó con una sonrisa cómplice: Tutéame hija, que si no me haces mayor.

miércoles, mayo 05, 2010

Deslizamiento suave

Pues, érase que se era esta mañana en el gimnasio. Había terminado de pedalear y pasé a la máquina de remo, chisme parecido al que pueden ver en la foto; y digo parecido porque la chica esta, así como escuchimizada, que también pueden ver, no estaba.


Llevaba un ratito surcando los mares, o sea contemplando fijamente la pared de enfrente mientras me deslizaba adelante y atrás con pinta de haberme presentado a un concurso discotequero de camisetas mojadas, cuando se ha aproximado una mujer espectacular, de esas que le dejan a uno patidifuso.

Ya presentía yo que no se acercaba por mi cuerpo serrano, sino que lo hacía debido a una profunda inquietud. Se ha plantado frente a mí y con suavidad me ha dicho: ¿No le duele?. Cortésmente le he respondido que no y por añadir algo he dicho: Me gusta; incluso disfruto.

Al instante me ha mirado con espanto y se ha alejado con rapidez. Poco después se me ha acercado sonriendo un amigo, que la conoce, y me ha aclarado lo ocurrido.. ¿Sabes?; como es nueva en el gimnasio no se ha fijado en el asiento y ha creído que te deslizabas directamente con el culo sobre el raíl. Así que cuando le has dicho que estabas disfrutando...

martes, marzo 02, 2010

Definiciones perfectas

Definiciones y descripciones perfectas de ciertos individuos (las señoras me disculparán si no soy babosamente correcto y las incluyo en el plural, pero es que me parece mal llamarlas individuas). O sea, los motes que ponen los alumnos a sus educadores y enseñantes (lo oí el otro día.; ¡lo que aprende uno!).
  • El Sibonita: Un profesor bizco. La fórmula del óxido de antimonio es Sb2O3; leánla...
  • Épsilon: Pequeñito y despreciable.
  • πnueve: Porque es más tonto que Pinocho.
  • El Chincheta: Enano y cabezón.
  • La Polla: Alto, enhiesto y calvo.
  • El Biquini: Enseña casi todo, menos lo fundamental.
  • El Ciprés: Extremadamente serio y callado.
  • El Capicúa: Aficionado al fútbol, decía "¿ha ganado el Madrid, el Madrid ha ganado?"

Hay más. Y seguro que cada uno de ustedes puede aportar su granito de arena. Con lo anterior, solo he pretendido recuperar un arte: el de crucificar al prójimo p'a los restos.

domingo, febrero 28, 2010

Homo habilis

Uno de los aspectos que me resultan más atractivos en las personas es su impavidez cuando la sorpresa cruza por su vida. Así, recuerdo admirado la reacción de un compañero que me acompañaba cuando se incendió la chimenea del salón; entraron los bomberos, echaron agua, movieron -es un decir- muebles, .. y él continuó cenando sin inmutarse. Percibí que sabía lo que ocurría cuando le dijo a un bombero: "Espero no molestarles".

Hoy he vuelto a encontrarme con uno de esos seres superiores. Su mujer, amiga y contertulia de este modesto servidor de ustedes, ha tenido un lapsus y le ha pedido un vaso de agua. Él, estoico, le ha respondido sin perder el apuesto aire senatorial que mantiene en su sillón: "¿Donde está el grifo?".

martes, enero 05, 2010

Viento en popa, a toda vela..

¡Cuantas cosas se pueden apreciar si estamos atentos a nuestro entorno!. Fíjense en lo sencillo que es un simple gimnasio... ¡Pues se asombrarían si supiesen todo lo que da de si a un observador atento!.

Pedaleaba inmisericorde hace muy poco, intentando acercarme a un acuario situado frente a mí y a poco más de un metro, sin conseguir avanzar micra alguna. Así que, olvidándome de los peces de colores, paseé mi mirada por la sala, donde, dicho sea de paso, no encuentro gran motivo de alegría en estos últimos tiempos.

Pero en un instante.., ¡todo cambió!. Un muchacho, de esos que desearían parecerse a "Conan el bárbaro", pero que no pasan de ser tres cuartos de gato callejero, apareció en escena.. Vestía una camiseta blanca, con publicidad de no se que, y un pantalón negro. El hombre estaba a lo suyo, pero debía haber puesto más cuidado en el vestuario...

Y es que, en la trasera del pantalón, en la mismísima mitad, entre sus piernas, allá abajo, cual si saliese de donde ustedes pueden imaginar, flameaba a cualquier viento, orgullosa y blanquísima, la enorme etiqueta de la prenda.

Y pocos atletas se pasearon tanto en tan poco tiempo como el susodicho. Enternecedor.